Desretratos y Desmemorias: La deconstrucción de Lucas Simoes

(via: nyartstudies)

El origen de la pintura según Plinio surge a partir de la necesidad de plasmar, capturar y por consiguiente inmortalizar aquello que es por naturaleza perecedero. Cuenta la leyenda (si no me equivoco) que la primera pintora fue la hija de un alfarero, quien para retener físicamente la imagen de su amado que se iba de la ciudad,  dibujó sobre una pared el perfil del muchacho cuya sombra era proyectada por la luz de una vela.

Lucas Simoes, a través de sus desretratos y desmemorias invierte la función prima del retrato a través de la fotografía, cuya tecnología permitió satisfacer en menor tiempo y con igual o mayor precisión (si se quiere) la necesidad que empujó a la hija del alfarero a revelarse frente a la mortalidad: la creación de un doble que cubra lo ausencia y la transforme en trascendencia.

Al igual que un pintor, Simoes dota de densidad a sus imagen/objeto fotográfico a través del uso de capas, mediante la superposición de una serie de fotografías del retratado. Acto seguido, las expone a través de cortes los cuales distorsionan y fragmentan la imagen. Este ejercicio de decontrucción se da en tres planos: primero, en la imagen (a través de la sustracción que la fracciona); segundo, la identidad del retratado (como consecuencia de la distorsión) y tercero, el reconocimiento (volviendo disfuncional el retrato fotográfico, al negarnos su objeto).

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